Zapatos mojados

20:43:00


Con los destellos del sol inicia el día tal como era prometido, son las 5:00 am; mañana llena de nubes, todo el clima permanece frío al igual que las miradas de las personas que empiezan su jornada. El viaje inicia hacia lo que para muchos se ha vuelto un segundo hogar, una escapatoria, entretenimiento y sitio para irónicamente olvidar la indecisión que te acecha, estructuralmente la conocemos como universidad.

Siete de la mañana, empiezan los trabajadores a llegar a sus oficinas y la vía permanece muda ante tanto movimiento, al llegar a la universidad se ven pocas caras, sin embargo, en todas ellas es marcada la interrogante "¿a qué hora empieza?"; varios cigarrillos son intercambiados en la tan famosa Poma, conversaciones indistintas, pero empieza a generarse movimiento en la escuela de comunicación y algunos decidimos ir a verlo, son compañeros de clases, ellos cargan mesas, "Man, agarra la caja ahí, ¿si va?", la tensión en la mirada de todos le da significado a esta situación, la misa se acerca.

10:35 de la mañana, entre alumnos ya el tema es inevitable y se debaten si deben acercarse ya o esperar e ir luego, el costumbrismo venezolano nos enseñó que todo empieza una hora más tarde de lo que debería, sin embargo, media hora luego gran parte del estudiantado decide encaminarse hasta la Plaza Central, donde para grata sorpresa vimos que casi todo estaba preparado; minutos luego aparecieron las autoridades académicas y un pastor cuyo nombre se hizo difícil de recordar luego de ver de manera casi inmediata a la pronunciación de su nombre a una persona empezar a soltar lagrimas sin consuelo. Se dio inicio a la ceremonia con una dedicatoria breve en la apertura, donde como espectador fue imposible no sentirse conmovido.

Miguel Castillo fue estudiante de la Universidad Santa María, fue tal su impacto para toda la institución que se decretaron tres días de duelo en su memoria, fue tal su impacto que gran parte de los espectadores dejaron salir lagrimas de dolor, fue tal su impacto que dejó de ser un número y se convirtió en un símbolo, símbolo de lucha, al finalizar la celebración eucarística escuchamos "¡Miguel, eres un heroe!". Después de esto me quedaron dos cosas, el concepto de una comunidad unida para hacerle saber a un joven que su lucha lo convirtió en héroe y la otra, la entenderán quienes estuvieron allí, quedaron los zapatos mojados; mojados y no supe si de lluvia o de lagrimas.

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